El libro de Nahúm proclama el juicio divino sobre Nínive, la capital del poderoso Imperio Asirio, que había aterrorizado al mundo antiguo durante siglos. A través de imágenes poéticas y vívidas, el profeta anuncia que la justicia de Dios alcanzará incluso a las naciones más temibles. Es un mensaje de consolación para los oprimidos y una advertencia para quienes confían en su propio poder.
Nahúm profetizó entre aproximadamente el 663 y el 612 a.C., ya que menciona la caída de Tebas (663 a.C.) como pasado y predice la destrucción de Nínive, que ocurrió en el 612 a.C. Su nombre en hebreo significa "consolación" o "el que consuela", lo que refleja el propósito del libro: dar esperanza al pueblo de Judá oprimido por Asiria. El libro destaca por su extraordinaria calidad literaria, considerado uno de los poemas más vigorosos del Antiguo Testamento. Un dato curioso: la destrucción de Nínive fue tan total que la ciudad quedó sepultada durante siglos y solo fue redescubierta por arqueólogos en el siglo XIX, confirmando de manera asombrosa la profecía de Nahúm.