¿Sientes que tu error te descalificó para siempre? Descubre cómo el amor de Dios restaura tu identidad y te invita a caminar de nuevo con dignidad y paz.
Existe un peso abrumador que aparece la mañana después de un gran error o de haber fallado en una promesa sagrada. El Problema es la angustia de la descalificación interna: ese nudo en la garganta al creer que has agotado tu cupo de gracia y que el futuro ahora está cerrado para ti. Sentirse indigno del propósito genera una fatiga por la vergüenza que te mantiene escondido en el pasado. La Respuesta de Esperanza la encontramos en el encuentro a la orilla del mar, donde el perdón no es un juicio frío, sino un desayuno cálido que restaura tu llamado y te devuelve la red para seguir pescando.
Nombrar la herida con honestidad: Admitir el dolor del fallo sin permitir que este se convierta en tu nombre o identidad definitiva.
Recibir la provisión antes de la misión: Entender que no necesitas "arreglarte" para volver a Dios; es Su amor el que te limpia mientras te alimentas de Su presencia.
Retomar la tarea con humildad: Dar el siguiente paso de obediencia no para ganar el perdón, sino porque ya has sido perdonado y amado.